viernes 11 de diciembre de 2009

Cadáveres de Magia

Alguien nos aplasta las hadas con matamoscas
y le sopla a las velitas de nuestro pastel.

Ya les anda por quemar azúcar
en los rincones del cuarto
para matar el bicho de lo que somos.

Por eso apagan las veladoras que les ponemos
a nuestros santos diablitos
y nos voltean el tapete de bienvenida.

Ya le pusieron veneno al ratón de los dientes
y dejaron caducar nuestro tercer deseo.

Quieren barrer la casa con ruda,
limpiarla con huevo y cloro,
exorcizarla de nuestro virus chocarrero
con un anafre humeante
y un chamán del mercado de sonora.

Pero no importa que se tomen
las gotitas de la felicidad
de la última botella de tinto
ni que se agandallen el huesito de la suerte
del pollito rostizado.

Porque tus pestañas son grandes
y utilizaremos cualquiera
para abordar la siguiente estrella fugaz.

Así podrán orear el cuarto,
echar pa'fuera nuestro aroma,
limpiar la mugre de nuestro rastro
y tallar muy bien las paredes
porque hay polvo de hadas en ellas,
cadáveres de magia embarrados
por todas partes.

domingo 6 de diciembre de 2009

El Camión de la Mudanza

Llegamos con la vida en cajas
y llenamos la casa de cosas,
muebles, discos, libros.
La mesa por aquí,
la tele pallá,
que el estéreo suene en todos lados.
Los platos en esta gaveta,
los vasos en aquella,
pon el café siempre a la mano.

Adornamos las paredes con dibujos,
rayones,
pedazos de poemas.
Desde aquí el espejo parece un cuadro...

Las cajas se vacían,
los cajones se llenan de papeles,
cuadernos, ropa, recibos,
y la casa vacía y ajena
se llena de nosotros,
de nuestros humores,
nuestros besos,
nuestras peleas
y de pronto una casa cualquiera
se vuelve nuestra casa,
con nuestros clavos,
nuestras manchas,
nuestras cortinas
y nuestra basura.

Pero a veces llega el camión de la mudanza
y nos piden guardar de nuevo
nuestra vida en cajas,
quitar nuestros cuadros,
guardar nuestros libros,
sacar nuestros olores
y vaciar la casa,
quitarle a la casa nuestra casa.

¡Carajo!
¡La mudanza es una perra
y un hijo de puta su camión!
¡Es imposible guardar todo en cajas!
Siempre se pierde algo,
un disco, un libro, un papel,
un algo que no sabes ni qué es
hasta que te hace falta.

Y al entregar la casa vacía
siempre se deja algo,
un clavo donde colgarán una réplica de la Última Cena,
una mancha que será borrada,
y ese algo que que no cupo en una caja.

Por eso duele volver a casa
cuando ya no es nuestra casa.

lunes 2 de noviembre de 2009

Altarsito

Estaba sola, lejos y triste, .
hablaba de cosas macabras .
funerarias, seguros,
cenizas
y dinero bajo el colchón .

Pendejadas.

Yo quería saber lo importante
qué foto .
qué reliquia
que comida
quería que le pusiera en la ofrenda.

lunes 19 de octubre de 2009

La Morockola presenta: Luis Pescetti - Buajajajajá

Luis Pescetti, argentino dedicado a la música para mocosos alcanzó cierta popularidad en México gracias al programa Bizbirije transmitido en la barra infantil de Canal Once. Además de sus peculiares composiciones lleva en su mochila una gran labor de rescate de juegos infantiles, rondas y cantos de muchas partes del planeta. Durante sus funciones, saca todos estos tiliches y nos pone a jugar con él, a gritar, a patalear, a cantar, a despeinarnos, los niños lo adoran y yo también. Por si fuera poco, su labor no se reduce a la música, es autos de varios libros para niños, como la serie de Natacha y uno que otro para "adultos", como la novela Copyright escrita al alimón con Jorge Maronna (Les Luthiers). El común denominador en todo esto es el humor y un niñote que ama lo que hace llamado Luis. De aquellas grabaciones que Pescetti hiciera para Bizbirije, publicada en su primer disco El Vampiro Negro, La Morockola presenta a Luis Pescetti y su Buajajajajá:

sábado 17 de octubre de 2009

La Puerta

"Nando…
Nando…
Quiero hacer pipí."

Y Fernando –entre sueños y con la voz jetona– le contestó lo más lógico a su carnalito:
"Pos ve, Quique."

Pero Enrique insistió:
"No puedo, Nando, no está la puerta."

Fernando medio abrió los ojos, pero no le sirvió de nada porque desde más chavitos, su jefa les puso una cortinota de esas gruesas y pesadas para que a sus morritos no los despertara la luz de las noches.

Por eso el Fer se sabía su cuarto de memoria:
Litera, cortina, (ventana),
closet, puerta, cómoda,
pared, pared, litera.

Sonambúlico recorrió el cuarto a tientas para abrirle la puerta a su hermanito.

Litera, cortina, (ventana), closet,
cómoda, pared, pared, litera.
(¡Ah chingá?)

Litera, cortina, (ventana), closet, cómoda, pared, pared, litera…

El Fer peló los ojos.

Litera, pared, pared, cómoda,
closet, cortina, (ventana), litera…

Litera…
Cortina…
(Ventana)…
Closet…
Cómoda…

Closet…
Cómoda…

Nada en medio,
nada detrás,
la puerta nomás no estaba.

Tampoco el interruptor de luz.

"Quique
¿Tienes muchisísimas ganas?"
"Poquitas, Nando"
"¿Puedes esperarte a mañana?"
"Yo creo que sí"
"Vámonos a dormir, pues."
"Está bien"

Nando subió a Quique a su cama y se acostó en la suya.

"Oye, Nando."
"¿Qué Quique?"
"¿Y si mañana tampoco está la puerta?"




En honor a la verdad, mi único mérito fue escribirlo y abUsarlo, pero es una anécdota del Fer Salazar antes de que le salieram bigotes y pelos en la mano.

 

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